Este artículo fue escrito originalmente en italiano por Davide Bruseghin. La traducción al español está a cargo de Manuel González Algarrada.
Hay un hilo que une Sant Boi de Llobregat, pequeño municipio del área metropolitana de Barcelona, a los 60.000 espectadores que abarrotaban el Estadio Olímpico de Montjuïc en mayo de 1929. Ese mismo hilo conduce hasta Tiflis, en marzo de 2025, donde la selección española cerró el mejor campeonato de su historia proclamándose subcampeona de Europa. Es el hilo del rugby, un deporte que en España ha necesitado todo un siglo para hacerse un hueco, pero que ahora se presenta como uno de los proyectos deportivos más ambiciosos del continente.
La Real Federación Española de Rugby ha cerrado el 2025 con dos clasificaciones mundiales (la selección masculina a la Copa del Mundo de 2027, la femenina a la Copa del Mundo 2025 en Inglaterra), una medalla de plata en el Seven y un titulo europeo en el Sub-18. Se trata de un balance que puede sorprender a muchos teniendo en cuenta el papel, todavía marginal, que desempeña el rugby español en el panorama internacional. Sin embargo, se entiende mucho mejor cuando se encuadra en una larga historia que comenzó hace más de un siglo cuando un estudiante de veterinaria regresó de Francia con un balón oval bajo el brazo.

Contar la historia del rugby español supone también enfrentarse a un recorrido de contradicciones y conflictos: el deporte de los universitarios catalanes que, bajo la dictadura de Primo de Rivera, se convierte en terreno de enfrentamiento federativo entre Barcelona y Madrid; la primera, y única hasta la fecha, clasificación para un mundial en 1999, o la doble descalificación en 2019 y 2022 por convocar a jugadores no elegibles, que echó por tierra años de trabajo. Y después, la reconstrucción. Entender dónde se encuentra hoy el rugby español requiere empezar por el principio.
Los orígenes: una historia catalana con raíces británicas y francesas
Las primeras huellas: Huelva, La Coruña y la influencia británica
El rugby llegó a España como han llegado casi todos los deportes modernos al mediterráneo: traído por extranjeros, recibido con recelo y cultivado por una minoría entusiasta.
Las primeras referencias documentadas se remontan a los primeros años del siglo XX, cuando periódicos locales de Huelva hablaban de partidos organizados por trabajadores británicos empleados en las minas del sur del país. Pocos años después, en febrero de 1911, oficiales de la Royal Navy disputaron en La Coruña los primeros encuentros de los que se tiene constancia. Los cronistas locales, sin embargo, lo recibieron con una crítica demoledora: aquel nuevo deporte les parecía “demasiado duro y brutal”.
Baldiri Aleu y el nacimiento de la Santboiana
La historia del rugby español, en cambio, comienza por otras vías.
Baldiri Aleu Torres estudiaba veterinaria en Francia y allí descubrió su pasión por el balón oval. Al regresar a Sant Boi de Llobregat fundó la Unió Esportiva Santboiana el 4 de julio de 1921, el primer club de rugby del país. El 13 de noviembre de ese mismo año se disputó el primer partido oficial entre la Santboiana y el Club Natació Atlètic en el Camp del Riu, a las afueras de Sant Boi de Llobregat, con victoria del conjunto visitante por 3-9.
En 1922 tuvo lugar el primer campeonato entre los nuevos clubes catalanes: C.E. Catalunya, C.N. Barcelona, C.N. Atlètic y U.E. Santboiana, que se proclamó campeona. Para el primer partido oficial con un club internacional, en cambio, habría que esperar hasta el año siguiente, cuando el Toulouse Lalande Olympique viajó hasta Cataluña y acabó alzándose con la victoria en el primer partido internacional disputado en suelo catalán.
Cataluña, cuna del rugby federado español
En apenas dos años, gracias al impulso del nacionalismo deportivo catalán y del entusiasmo de la pequeña burguesía universitaria barcelonesa, las secciones de rugby en Cataluña pasaron a ser diecinueve. Como consecuencia, el 13 de abril de 1922 se constituyó en Barcelona la Federación Española de Rugby, organismo rector del rugby nacional. Unos meses más tarde nació la Federación Catalana de Rugby, que coordinaría, por su parte, la actividad regional catalana. En enero de 1923 se disputó el primer campeonato de España en el que la Santboiana se alzó con el título de campeona.

Rugby, catalanismo y recelo castellano
Como señala Torrebadella-Flix, todo este proceso se desarrolló en un contexto político y cultural lejos de la neutralidad: el rugby catalán nació al amparo del catalanismo político de la Mancomunitat, y sus primeras selecciones regionales fueron la expresión de una identidad diferenciada de la castellana.
El 20 de mayo de 1923 se celebró en el recién inaugurado Estadio Metropolitano de Madrid un partido de exhibición entre el Biarritz Olympique y el Stadoceste Tarbais, que reunió a diez mil espectadores y contó con la presencia del rey Alfonso XIII. Con ocasión de aquel encuentro, la prensa madrileña sostuvo que aquel deporte no se adaptaba al «temperamento impulsivo del español». Un juicio que reflejaba más un recelo cultural que una valoración estrictamente deportiva y que ponía de manifiesto la asociación que muchos establecían entre el rugby y el catalanismo.
Madrid entra en escena: la Federación de Centro y la Rugby Unión Española
En 1925 se fundó en Madrid la Federación de Centro, reflejo del creciente desarrollo del rugby castellano. Aunque en un primer momento la nueva entidad se integró en la estructura federativa española, pronto afloraron las tensiones con el núcleo fundacional catalán, alimentadas tanto por el peso que Cataluña seguía ejerciendo dentro de la Federación Española de Rugby como por el deseo del entorno madrileño de lograr una mayor autonomía organizativa.
De hecho, dos años más tarde nació, también en Madrid, la Rugby Unión Española, con el objetivo de representar de forma independiente a los clubes de la región Centro y reequilibrar las relaciones de poder dentro del rugby español. La tensión entre ambas federaciones regionales alcanzó su punto álgido en 1927, cuando la Rugby Unión Española decidió organizar por su cuenta un encuentro internacional frente a Francia sin la autorización de la Federación Española de Rugby, provocando una escisión que paralizó el desarrollo del rugby español durante más de un año.
Montjuïc, la selección catalana “con la camiseta de España” y la FIRA
La reconciliación llegó en 1928, aunque dejó profundas secuelas. La primera selección española que disputó partidos oficiales estaba integrada casi por completo por jugadores catalanes. No es casualidad que el Estadio Olímpico de Montjuïc, inaugurado el 20 de mayo de 1929 con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona, acogiera el primer encuentro internacional oficial de la selección española: España derrotó a Italia por 9-0 ante 60.000 espectadores y en presencia del rey Alfonso XIII. De hecho, todos los jugadores convocados para aquel partido eran catalanes.

Fue también en esos años cuando la Federació Catalana de Rugby protagonizó el que probablemente fue su acto de mayor relevancia geopolítica. En 1934, con motivo de la fundación en París de la FIRA (Fédération Internationale de Rugby Amateur), organismo alternativo a la International Rugby Board de tradición anglosajona que gobernaría el rugby continental europeo durante décadas, la federación catalana participó como miembro fundador de pleno derecho, mientras que la Federación Española de Rugby no pudo asistir por motivos burocráticos internos.
Fue precisamente la Federación Catalana la que abrió las puertas a la federación nacional española. De hecho, entre 1934 y 1940, Cataluña y España coexistieron como entidades diferenciadas en el panorama internacional del rugby europeo, una anomalía que el franquismo acabaría suprimiendo al expulsar a la federación catalana de las competiciones nacionales y privarla de su condición de miembro de la FIRA.
Paréntesis: la Guerra Civil, el franquismo y el camino hasta 1999
La Guerra Civil, el franquismo y la reconstrucción del rugby español
La Guerra Civil española (1936-1939) interrumpió bruscamente el primer gran impulso del rugby en España. Como resume la propia Federación Española de Rugby en la cronología oficial de su centenario, el conflicto devastó los avances logrados por el rugby, y la posguerra dio lugar a una reconstrucción asimétrica: en Cataluña predominó un modelo de inspiración francesa, basado en la proliferación de clubes, mientras que en Madrid se impuso un modelo de inspiración británica, centrado en el asociacionismo universitario.
En el plano institucional, el franquismo asestó un duro golpe a la dimensión catalana del rugby. La Federació Catalana, que había participado como miembro fundador en la creación de la FIRA en 1934, perdió su condición de miembro independiente y quedó integrada en la estructura de la federación nacional. El rugby catalán sobrevivió, pero como un deporte minoritario, despojado de la dimensión identitaria que había caracterizado sus orígenes.
La lenta recuperación del rugby español comenzó en la década de 1950 con la primera participación en la Copa de Europa de la FIRA (1952), que se saldó con una derrota por 0-6 ante Italia, y con la creación de la División de Honor, la máxima categoría del rugby español. Este proceso se consolidó en las décadas siguientes gracias a la expansión del rugby en Valladolid, introducido en los años sesenta por el sacerdote francés Georges Bernés, así como al fortalecimiento del eje competitivo con las selecciones de la Europa continental.
Los años ochenta y el Mundial de 1999
Fue en la década de 1980 cuando la selección española vivió su primer momento de proyección internacional. Los Leones derrotaron en varias ocasiones a Zimbabue, plantaron cara a los Māori All Blacks y, en 1982, cayeron ante Argentina por solo nueve puntos. Los intentos de clasificarse para los Mundiales de 1991 y 1995 se escaparon por un estrecho margen frente a Rumanía y Gales, respectivamente. Sin embargo, en la cuarta edición, celebrada en 1999, Los Leones lograron por fin su clasificación para la máxima cita del rugby mundial.

Encuadrada en el grupo A junto a Sudáfrica, Escocia y Uruguay, España perdió sus tres partidos y concluyó el torneo en decimonovena posición, de un total de veinte selecciones, sin anotar un solo ensayo. Un debut doloroso, pero también histórico: el rugby español había alcanzado por primera vez una Copa del Mundo, y aquella participación sería la única durante más de dos décadas.
Las crisis federativas y las descalificaciones mundialistas
Los años siguientes estuvieron marcados por una sucesión de crisis institucionales que culminaron con la quiebra técnica de la federación en 2014 y, sobre todo, con las descalificaciones para los Mundiales de 2019 y 2023 por la alineación de jugadores no elegibles. En ambos casos, la sanción obedeció al incumplimiento de los requisitos de residencia establecidos en la Regulación 8 de World Rugby.
La segunda descalificación, la del Mundial de 2023, resultó especialmente dolorosa. España había logrado sobre el terreno de juego la clasificación para el Mundial de Francia tras derrotar a Portugal por 33-28. Sin embargo, el caso del pilar sudafricano Gavin van den Berg, cuyo pasaporte había sido falsificado por su club sin que la federación tuviera conocimiento de ello, echó por tierra todo el trabajo realizado. La sanción: diez puntos de penalización y 75.000 libras esterlinas, lo que permitió a Rumanía y Portugal ocupar las plazas mundialistas que correspondían a España.
El crecimiento del rugby español: del Seven a la doble clasificación mundialista
El Seven y la nueva credibilidad internacional
La reciente trayectoria ascendente del rugby español no puede entenderse sin el Seven. Ha sido en esta modalidad donde España ha construido, durante los últimos cinco años, su credibilidad internacional. La llegada de un exjugador de primer nivel como Paco Hernández y la creación de un centro permanente de entrenamiento en Madrid en 2021 marcaron un primer punto de inflexión. Convertidos ya en una de las selecciones de referencia del HSBC SVNS Series, el circuito mundial que desde 1999 reúne a las mejores selecciones de rugby a siete, Los Leones 7s firmaron su mejor temporada en 2024-2025: terminaron terceros en la fase regular y alcanzaron la final del Campeonato del Mundo disputada en Los Ángeles los días 3 y 4 de mayo de 2025, donde cayeron por 5-19 ante Sudáfrica.
Academias, el Mundial de 2027 y el crecimiento estructural
El crecimiento del Seven no ha sido por casualidad. Encuentra sus raíces en un programa estructurado cuyo objetivo es crear una cantera de talento que abarque desde la base hasta la élite. La Federación ha invertido en una red de academias regionales y en el desarrollo de las categorías inferiores, con resultados tangibles: en 2025 la selección masculina sub-18 se proclamó campeona de Europa tras derrotar a Georgia por 16-11 en la final disputada en Praga. La otra cara de la moneda la protagonizó la selección sub-20, que rozó el descenso en el World Rugby U20 Championship y solo logró la permanencia gracias a un ensayo en el minuto 93 que le dio la victoria por 24-19 frente a Fiyi. Un resultado que demuestra que todavía queda mucho camino por recorrer para asentarse de forma estable entre la élite del rugby mundial.
En el rugby XV masculino, la clasificación para el Mundial de 2027, asegurada matemáticamente al alcanzar las semifinales del Rugby Europe Championship 2025, puso fin al proceso de reconstrucción iniciado tras las descalificaciones mundialistas, después de dos años especialmente complicados. El recorrido en el Campeonato de Europa de 2025 fue sobresaliente: una victoria por 42-31 ante Portugal en la semifinal disputada en Lisboa y una derrota por 28-46 frente a Georgia en la final de Tiflis, el mejor resultado de España en la historia reciente del torneo.

Este éxito también debe interpretarse desde una perspectiva estructural: alrededor del 40% de los jugadores convocados para la temporada internacional de 2025 militaban en ligas extranjeras, principalmente en el Top 14 y el Pro D2 franceses.
El crecimiento del rugby español también queda reflejado en el número de jugadores: actualmente cuenta con cerca de 40.000 licencias federativas, una cifra alentadora para una selección de Tier 2, aunque todavía muy alejada de la de las grandes potencias europeas de Tier 1.
Un aspecto especialmente interesante, sobre todo desde la perspectiva italiana, es la importancia que España concede a las academias nacionales como herramienta para la formación y el desarrollo de jugadores. Así lo defiende el director de alto rendimiento, Raúl Pérez, “Aspirina”:
«Hoy cada academia nacional ha encontrado su propio método de trabajo, lo que me permite centrar mi atención en otras áreas del sector juvenil. La idea es la de potenciar estas academias con personal especializado, garantizando la libertad y el espacio de maniobra de las mismas; a su vez estas pueden mantener una comunicación constante con el organismo principal aportando sugerencias e identificando nuevos talentos. Se genera así un círculo virtuoso que anima a los clubes a crear sus propias academias, dando vida a un sistema que dará un impulso decisivo a la puesta en marcha de un programa de alto nivel a mayor escala”
Mundial de 2035, el rugby femenino y los límites estructurales
Todo este conjunto forma parte de un proyecto federativo que ha transformado las cuentas de la Federación Española de Rugby. Entre 2022 y 2024, su presupuesto pasó de 5,4 a más de 11,5 millones de euros, un crecimiento impulsado por una ambiciosa estrategia de organización de eventos internacionales, entre ellos las HSBC SVNS Series celebradas en Madrid en 2024. Siguiendo esta misma línea, la Federación ya ha anunciado su candidatura para albergar la Copa del Mundo masculina de 2035 y la femenina de 2037. Su presidente, Juan Carlos Martín, ha calificado el proyecto como «un asunto de Estado» y ha confirmado los contactos mantenidos con World Rugby durante las finales del HSBC SVNS World Championship 2025, celebradas en Los Ángeles.
En este sentido, resulta especialmente significativo el respaldo mostrado tanto por el Gobierno español como por la Real Federación Española de Fútbol a la candidatura. Esta estrategia, aunque ha dado resultados en el corto plazo, también pone de manifiesto la necesidad de buscar vías creativas para seguir impulsando el crecimiento del rugby español. Y es que, pese al notable aumento de los recursos económicos, el presupuesto de la Federación sigue siendo comparable al de un equipo situado en la parte baja de la clasificación del United Rugby Championship (URC).
El panorama se completa con la selección femenina, probablemente el proyecto más sólido del rugby español contemporáneo. Las Leonas son las vigentes campeonas del Rugby Europe Championship, la principal competición continental tras el Seis Naciones, y han demostrado una regularidad extraordinaria: acumulan doce títulos europeos, ocho de ellos conquistados de forma consecutiva entre 2018 y 2025. El más reciente llegó en abril de 2025, en Torrevieja, tras imponerse a Países Bajos por 27-17.
De regreso al Mundial de 2025 en Inglaterra después de ocho años de ausencia, Las Leonas quedaron encuadradas en uno de los grupos más exigentes del torneo, junto a Nueva Zelanda, Irlanda y Japón. Aunque no lograron clasificarse para la fase eliminatoria, ofrecieron un rendimiento muy competitivo y dejaron una imagen muy positiva.

La profesionalización del rugby femenino continúa avanzando y se refleja en la composición de las plantillas. Entre las convocadas para el ciclo 2025-2026 figuran jugadoras del Stade Toulousain, Harlequins, Sale Sharks, LOU Rugby y Lille Métropole RC, una muestra de que el mercado europeo ha comenzado a valorar el talento de las jugadoras españolas. En este contexto, la Federación Española de Rugby ha presentado un plan específico para duplicar el número de licencias femeninas entre 2025 y 2029, con medidas centradas en la retención de jugadoras, el desarrollo de los cuerpos técnicos y la integración con el programa de preparación para el Mundial de 2029.
A pesar de este crecimiento, el rugby femenino español sigue arrastrando problemas estructurales que limitan su desarrollo, pese a los buenos resultados deportivos obtenidos en los últimos años. La dependencia casi total de los patrocinadores y de las subvenciones públicas —que llegan a cubrir dos tercios del presupuesto de los clubes— hace que el sistema sea frágil y vulnerable. La pérdida de Heineken como principal patrocinador de la División de Honor ha abierto un periodo de incertidumbre que ha puesto de manifiesto la falta de fuentes de ingresos propias, como los derechos de televisión, la venta de entradas o el merchandising.
En cuanto a las jugadoras, la profesionalización sigue siendo un objetivo lejano. La inmensa mayoría compagina el rugby con el trabajo o los estudios, sin contratos estables ni cobertura en materia de protección social. La propia Federación Española de Rugby reconoce expresamente esta situación en su plan estratégico Horizonte Mujer y Rugby 2024-2027, donde identifica la persistencia de «barreras estructurales» y la «necesidad de profesionalización» como dos de los principales retos aún pendientes.
El rugby español se encuentra hoy en plena construcción. Los resultados de los últimos años —desde la doble clasificación para los mundiales hasta la consolidación de Las Leonas en la élite europea— demuestran que el trabajo realizado ha dado frutos. Sin embargo, tras los éxitos deportivos siguen existiendo importantes desafíos económicos e institucionales que ni siquiera la candidatura a los mundiales de 2035 y 2037 puede ocultar. La pregunta, en el fondo, es sencilla: ¿puede un deporte cuyo desarrollo depende en gran medida de las subvenciones públicas sostener una ambiciosa visión de futuro?
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